Golpe, sí, golpe

Agencias

¿Por qué tantos colombianos nos hemos atrevido a denunciar que los anuncios del Gobierno y las Farc para blindar los acuerdos de La Habana son un Golpe de Estado a la democracia colombiana?

Son muchos los elementos que se tienen que analizar. Enunciemos uno a uno algunos de los que es importante tener en cuenta:

Primero, el Gobierno anuncia que va a introducir un artículo al denominado Acto Legislativo para la Paz que está en discusión en el Congreso. Se debe aclarar que los actos legislativos son para modificar, reformar, adicionar o derogar textos constitucionales y que requieren ocho debates y dos vueltas, y en la segunda vuelta deben ser aprobados por mayoría absoluta de los miembros de la corporación.

La Ley 5 de 1992, artículo 226, que tiene que ver con la reglamentación de estos debates, establece que “en la segunda vuelta sólo podrán debatirse iniciativas presentadas en la primera”. Pero el Acto Legislativo para la Paz ya va para séptimo debate (segunda vuelta) y, por lo tanto, no se podría introducir un elemento nuevo.

Aquí vale la pena recordar la sentencia 141 de 2010 de la Corte Constitucional, donde se habla claramente del principio de consecutividad, que establece “la obligación de que tanto las comisiones como las plenarias deban estudiar y debatir todos los temas que ante ellas hayan sido propuestos durante el trámite legislativo”. En ese caso específico, al igual que en el que estamos analizando, se califica de vicio insubsanable que acarrea inconstitucionalidad de la ley, el que se debata un tema en solo dos de los ocho debates.

Segundo, el acuerdo entre el Gobierno y las Farc, contrario a lo que afirman, no es un Acuerdo Especial Humanitario, tal como se define en el artículo 3 común a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949.

El artículo 3 Común de los Convenios de Ginebra habla de la humanización de conflictos no internacionales y de los Acuerdos Especiales Humanitarios, como acuerdos que van más allá del mínimo contenido en el Derecho Internacional Humanitario, pero esto no quiere decir que puedan abarcar todo, su marco es el DIH.

Elevar a la categoría de Acuerdo Especial, acuerdos con el grupo narcoterrorista Farc sobre tierras, participación política, cultivos ilícitos y un largo etcétera que se está negociando en La Habana, equivale a usar indebidamente las normas del Derecho Internacional Humanitario.

Tercero, contrario a lo que pretenden el Gobierno y las Farc, lo acordado no puede entrar a formar parte del Bloque de Constitucionalidad, porque la Carta misma establece en los artículos 9, 53, 93, 94, 102 y 214 los parámetros de adopción de las normas internacionales como parte del Bloque.

Tal como afirma el profesor Jorge Iván Cuervo, lo acordado entre Timochenko y Santos no es un tratado porque “las Farc no tiene personalidad jurídica internacional” y “un acuerdo con el estado no puede ser considerado un tratado”, además “no existe una costumbre internacional que permita asimilar Acuerdos Especiales de DIH con tratados internacionales”.

Afirma el profesor Cuervo que “la integración de lo acordado en La Habana al texto constitucional no sólo sería el acuerdo final sino los acuerdos previos (el de tierras, el de víctimas, el de justicia), lo cual sería una especie de acto constituyente antidemocrático”.

Cuarto, lo que se pretende desde La Habana es una reforma Constitucional, violando la propia norma de normas que establece en el Título XIII, artículos 374, 375, 376 y 377, los mecanismos para ser reformada.

Como escribe el Procurador General de la Nación, Gobierno y Farc están revistiendo la Mesa de La Habana de poderes constituyentes que ni el ordenamiento jurídico, ni el pueblo les han otorgado, en un acto inconstitucional e incompatible con cualquier régimen democrático.

Quinto, se establece un trámite abreviado en el Congreso y un control único de Constitución que le quita al ciudadano la posibilidad de acción de inconstitucionalidad.

Adicionalmente, la Jurisdicción Especial para la Paz haría parte de la Constitución, con el agravante que ésta Jurisdicción pretende casi que sustituir la Rama Judicial en todo lo relacionado con el “conflicto”.

Como ha afirmado el doctor Fernando Londoño, lo que Timochenko y Santos pretenden es convertir los acuerdos de La Habana en una norma supranacional que se antepone a la propia Constitución y dar un golpe de Estado violando la Constitución y la Ley, suplantando al Congreso y burlando la soberanía popular.

Finalmente, para quienes dirán que estás letras son de una “enemiga de la paz”, debo advertir que incluso quienes han defendido el proceso habanero, hoy se niegan a permitir este terrible golpe a la democracia y a las instituciones.

Claudia López ha dicho que los parámetros de Gobierno y Farc para blindar los acuerdos son un “irrespeto a los colombianos y sus instituciones”, “desconocen al Congreso”, son una “concesión unilateral del Gobierno a las Farc convirtiendo al Congreso en un hazme reír”, Farc “torcieron mano al Gobierno y … obtuvieron acuerdo y bloque de constitucionalidad sin ceder nada en refrendación popular ni desarme”.

El Magistrado José Gregorio Hernández afirma que “tiene dudas que el acuerdo con las Farc sea uno de los acuerdos especiales a que se refiere el Derecho Internacional Humanitario” y que “se está dando carta blanca a cualquier grupo guerrillero o criminal para reformar la Constitución”

El exministro Juan Carlos Esguerra afirma que es un “acto de tremendismo constitucional por lo menos discutible”.

Así las cosas aquí lo que nos están dando es un Golpe de Estado a la democracia y a las instituciones, y lo único que queda es, como dijo el ex presidente Uribe, “la resistencia civil pública, pacífica, argumentada y persistente para defender la democracia”.