Mi Coronel, al igual que usted, nos negamos a arrodillarnos

No sé si fue el azar o el destino, el que me otorgó este inmerecido honor. Aquí, ante ustedes, debería estar el mejor soldado de  América o en su defecto, otro gran soldado capaz de hablarles sobre una obra que narra las batallas de un héroe de la Patria, pero en cambio, estoy yo, una ciudadana que aceptó este reto, por la profunda admiración a mi Coronel Hernán Mejía, por la gratitud a una familia, que sacrificó un padre y un esposo para entregarle un héroe a Colombia, y porque tengo la profunda convicción de que a lo largo de la historia antigua y reciente, en última instancia, son los buenos soldados, los soldados de honor, los que salvan a las Naciones, y nosotros hemos sido testigos de ello.

Ésta es una obra que llega al alma, porque en cada letra, en cada frase, se siente que fue escrita desde el corazón desgarrado de un hombre, que con su historia nos enfrenta a nuestra propia historia, que desde el relato de cada operación nos confronta con la realidad de una guerra irregular que desde hace décadas azota a nuestra Patria.

Nosotros, colombianos, tenemos la sagrada misión de verificar si los valientes hombres, vivos, heridos y muertos, que lucharon contra el terrorismo en los últimos sesenta años, por encima de lo que han vendido los medios, buscaron la verdadera paz de la Patria y fue tal su sacrificio, que es nuestra obligación moral, es honrarlos antes que juzgarlos.

Tengo claro que la sociedad apenas advertirá y no recordará lo que aquí digamos, pero nunca debería olvidar lo que esos valientes soldados hicieron en las selvas, valles, cañones y montañas para salvarnos. Es nuestro deber luchar para que la batalla que ellos libraron en favor de las instituciones, de la democracia y de la Patria, no sea en vano, es nuestro deber luchar para que se mantenga la dignidad de quienes con honor y valor han librado esta batalla, porque su dignidad es nuestra dignidad como Nación.

Colombia merece un nuevo amanecer con libertad y orden, y el libro de mi Coronel Mejía es un llamado para lograrlo, porque nos recuerda la abnegación sin límites de nuestros soldados, porque nos relata el valor de esos héroes que ha ido más allá de nuestras fronteras, porque nos cuenta las penurias que han soportado, haciendo suya la adversidad para izar la bandera de la victoria, sin perder la entereza, firmes en el cumplimento de su deber.

“Nada puede ir bien en un sistema político en el que las palabras contradicen los hechos” y hoy Colombia está convirtiendo en señores a los villanos y en canallas a los libertadores. No seamos cómplices de la infamia de una justicia injusta, no olvidemos que nuestros soldados “no saben rendirse, y sus corazones solo aceptan cubrirse  de gloria”.

Mi Coronel Mejía en este entrañable relato a su Padre, rinde homenaje a los soldados de batalla, a los soldados de honor, a los soldados que han buscado la paz verdadera y que solo la infamia los frenó en el intento.

Mi Coronel, al igual que usted, nos negamos a arrodillarnos. Su libro es y será impulso moral para luchar por la Colombia que merecemos. Hoy hacemos nuestras y suyas, las palabras de El Quijote, que son e22speranza en medio de la adversidad “Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”

Dios Salve a Colombia y reconozca el sitio de honor a nuestro Soldados.